A través de mi pintura busco recrear un ambiente de tensión, en el que se refleja la inseguridad del hombre en torno al medio que lo rodea. Sus miedos, sus angustias, su miserabilidad ante los acontecimientos de la vida: el ser constantemente agredido pero también agresor. Esta violencia implícita y a ratos invisible lo lleva a un proceso degenerativo, que le devela lo patético del convivir y de la propia existencia.Las figuras de mis cuadros se ven deformadas por pasiones desenfrenadas; caras deshumanizadas, reducidas a los instintos mas primitivos que agitan a la humanidad. Tales rostros no son semblantes conocidos cerrando así la posibilidad de ser alguien en particular. No me interesa el retrato: sólo figuras sin identidad alguna.Rostros sin piel, en los que ojos, bocas, narices, facciones se deforman y casi desaparecen. Los personajes transitan por los cuadros buscando mostrar una problemática de la desesperación y la tristeza de una soledad trágica. Los seres humanos somos inseguros por naturaleza, vivimos una angustia demencial al sentirnos impotentes con respecto a nuestro destino.Rostros hostiles, intranquilos, inertes, arrojados al vacío. El ser sabe que es miserable y es consciente de su condición. Los cuadros actúan como autorretratos en tanto describen nuestras ansiedades mas profundas. Entre el intranscendente ajetreo de la ciudad y de las multitudes sucede nuestra vida. Caminando distraídos nos separamos cada vez más del discernimiento. Acumulando amarguras, marginados, repitiendo nuestros rostros en las grietas de las calles.